Texto por: Uili Damage
Fotografía por: Nicole A. Klinckwort

En 1990 es cuando se escucharon los primeros acordes conjurados por John McEntire, bajo el “escudo de armas” Tortoise.

Muchos talentos han acompañado a este gran multi-instrumentista que ha influido fuertemente una parte poco reconocida de la música popular… o dicho de otro modo, sin Tortoise no existirían Kid A, Amnesiac, Hail to the Thief y quién sabe qué grabaciones más de los reverenciadísimos Radiohead -Thom reconoce abiertamente que el sonido que caracteriza esos discos nace de su afición por el sonido post-rock de Chicago y en especial el de esta banda.

Agrupación bandera de ese estilo, así como del sello Thrill Jockey, la noche del 23 de marzo del presente, Tortoise pisó por primera ocasión el atinado foro Voilá Antara, después de ser esperados al menos 15 años en nuestra ciudad, y gracias a la gente de Chronic (quienes ya habían hecho posible las presentaciones de Crocodiles, Stereo Total y Animal Collective, recientemente).

Con la cortesía de los tapatíos Movus para telonear la sesión, nuestros oídos tuvieron un paseo musical muy variado, empezando -pleonásmicamente- por los abridores.

Movus, quinteto fichado en Arts & Crafts México que puja por abanderarse post-rocker y debutando un compacto este año, tendió más bien un manto de shoegaze y math-rock que, acompañado con un trabajo de proyecciones adecuado y suficiente, relajaron los músculos del respetable que llegaba apresurado a la cita.

Su set, corto y contundente, cumplió con las exigencias sin estorbar ni acatarrar a la audiencia.

A continuación, los de Illinois ocuparon las tablas y sin reparo se lanzaron al vacío, llevándonos de las orejas: su set, a diferencia del grupo anterior, fue enérgico, luminoso, colorido y sin necesidad de recurrir a una sola proyección de video.

Sonidos con salpicones de free jazz, hardcore, rock, folk gamelán, art noise y más, fueron ejecutados con una soltura y fluidez de salón de baile Real.

A excepción del guitarrista Jeff Parker, todos los músicos se cambiaron de instrumento al menos por un tema y en varios, inclusive durante los mismos temas.

Sintetizadores, guitarras, un enorme controlador disparado percusivamente (digamos: una marimba eléctrica) y dos baterías, fueron todos aporreados sin piedad, como si estuvieramos presenciando a los punks más resentidos de la ciudad, buscando venganza en estos aparatos.

 

La destreza musical de Dan Bitney, John Herndon, Douglas McCombs y John McEntire dejaba a todo mundo boquiabierto, y en conjunto, lo que recrearon sónicamente durante esta noche.

Quedó claro por qué es que esta brillante agrupación es una escucha de cabecera, y presenciarlos en acción, un cara a cara obligado.

 


También vean el artículo en: Marvin

Tags: